Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

domingo, 21 de junio de 2015

Cuando nos olvidamos de respirar...



Nos ahogamos.

Le damos mil vueltas a las mismas cosas para poder verlas de diferentes posiciones, imaginando que a lo mejor lo que falla, es el ángulo de visión. A lo largo de nuestro camino lo que permanece es la necesidad constante de cuestionarse todo. Nos encanta la posesión de la respuesta, aunque haya veces que no nos guste el precio que haya que pagar por ello.

Cuando conoces a una persona que te gusta, te invaden unos sentimientos nuevos que descontrolas. Por ello, te haces preguntas, pero cada ser humano es un mundo.

Los atrevidos, se arriesgan y conocen. No intentan controlar nada, sino alterar el orden. Seguir con el juego y mover ficha para que el dado siga girando.

Los reservados, los que caminan con la mochila todavía aún sin vaciar, guardan notas del pasado que les dedicó aquel escrit@r especial. Son vulnerables ante emociones de este tipo, tienen heridas que siguen doliendo al soplarlas. No todas las lágrimas derramadas por el incesante objetivo de cambiar, se secaron con la brisa. Desconfían de lo que les gusta y les puede llegar a enamorar. Piensan: ¿Cómo creer ahora, cuando antes al hacerlo me vendaron el corazón?

Imaginar que lo nuevo pueda llegar a convertirse en ese pasado, duele al respirar.

Las ilusiones se crean solas o con ayuda, engrandecen el alma y te hacen sentir superior. Cuando te arrebatan la más fuerte, la ilusión de llegar a amar, es cuando te atan de pies y manos, te tapan la boca y te obligan a cerrar los ojos para que no puedas observar lo que hay más allá.

Los nudos se aflojan con el paso del tiempo aunque las marcas sigan ahí. Esa dureza y dificultad de las cosas, siempre será un reto que deberás de atravesar. Existe un ser capaz de renacer de sus cenizas y volver a empezar. Pero el ave Fenix sólo es el ejemplo de la imagen del hombre, cuando consigue levantarse al rozar el suelo. Si tocas el fondo y ves que no hay nada más, piensa que de donde no hay no se puede sacar, pero si al ascender la mirada consigues vislumbrar la superficie, coge aliento y RESPIRA.

Las heridas cicatrizan, son las señales eternas de la experiencia. El recordatorio de nuestros impulsos y locuras más intensas. Si realmente quieres algo ve a por ello, porque si no lo haces tú nadie lo hará por ti. Total, el fondo ya lo conoces pero lo que puede llegar a ocurrir, el llamado "y si..." es siempre el comienzo. No lo conviertas en una utopía, no te quedes con las ganas ¡HAZLO!

Duele reconstruir una ilusión, un volver a creer... pero si nos olvidamos de respirar, nos ahogamos. Por ello, coge aliento y vuelve a RESPIRAR.


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